La primavera y la fe: reflexiones bíblicas para una nueva estación.

La primavera y la fe según la Biblia

Pasó el 18 y, casi sin avisar, cambió el aire. Los días se estiran, el sol vuelve a calentar en serio y las plazas amanecen con ese verde nuevo que no estaba hace un mes. La primavera llega así en Chile: de a poco primero, y de golpe después. Uno sale a la calle y de repente todo está floreciendo.

La Biblia nunca ignora las estaciones. Las lee. En sus páginas el invierno, la siembra, la cosecha y la primavera no son solo clima: son maneras de entender lo que Dios hace con el tiempo y con nosotros. Y si hay una palabra que la Escritura repite cuando algo vuelve a comenzar, esa palabra es renovación.

Y la fecha acompaña: en Chile, septiembre es también el Mes de la Biblia. Un tiempo para, como nos invita la Sociedad Bíblica Chilena, celebrar juntos la Palabra que transforma vidas. Y pocas imágenes lo dicen mejor que esta:

«Tu palabra es una lámpara a mis pies; ¡es la luz que ilumina mi camino!» — Salmo 119:105 (RVC)

🌱 La estación de lo nuevo

Lo primero que conviene recordar es quién empieza. La primavera no se esfuerza por florecer; simplemente responde a algo que la despierta. Con la vida de fe pasa parecido: lo nuevo no lo fabricamos nosotros a pura voluntad, lo recibimos.

«De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» — 2 Corintios 5:17 (RVR1960)

Vale la pena fijarse en el verbo: son hechas. No dice que nos hacemos nuevos a fuerza de intentarlo. Dice que somos hechos nuevos. Nuestra parte es dejarnos, como la tierra se deja trabajar por la lluvia y el sol. La primavera del alma también tiene su Jardinero.

🌸 Ha pasado el invierno

Hay una imagen preciosa en el Cantar de los Cantares. Es la voz de alguien que anuncia que el frío quedó atrás, casi como quien abre las ventanas después de meses cerrados.

«Porque he aquí ha pasado el invierno, se ha mudado, la lluvia se fue; se han mostrado las flores en la tierra, el tiempo de la canción ha venido» — Cantares 2:11-12 (RVR1960)

El detalle no es menor: primero pasa el invierno, después aparecen las flores. En ese orden. A veces uno quisiera florecer sin haber pasado por el frío, pero la Escritura es honesta con los tiempos. Hubo un invierno. Y también hubo un final para ese invierno. Los tuyos, por difíciles que hayan sido, tampoco son para siempre.

🌿 Dar fruto a su tiempo

Con la primavera viene la tentación del apuro: querer que todo crezca ya, ver resultados de inmediato. Pero el crecimiento sano casi nunca es apurado. Es constante. El Salmo 1 usa justamente la figura de un árbol.

«Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará» — Salmo 1:3 (RVR1960)

El secreto no está en la flor, sino en la raíz. Un árbol da fruto porque está plantado cerca del agua y se queda ahí, día tras día, en invierno y en primavera. Lo mismo pasa con quien vuelve una y otra vez a la Palabra: no por un impulso de una semana, sino por una costumbre que echa raíces.

Biblia sobre una mesa junto a flores de primavera

🕊️ Fuerzas nuevas para lo que viene

Empezar una estación también cansa. Hay planes, propósitos, cosas pendientes que uno arrastra desde el verano pasado. Por eso conviene recordar de dónde viene la fuerza para lo que se viene.

«Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán» — Isaías 40:31 (RVR1960)

Las fuerzas nuevas no se consiguen apretando los dientes. Se reciben esperando, que en la Biblia no significa quedarse quieto, sino confiar mientras se sigue caminando. Es la diferencia entre avanzar a pura energía propia y avanzar sostenido.

«Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad».

Lamentaciones 3:22-23 (RVR1960)

🌾 Lo que se siembra en esta estación

La primavera es tiempo de sembrar. Y lo que se siembra en lo espiritual no es distinto: son pequeñas costumbres que después dan fruto sin que uno se dé cuenta. Leer unos versículos en la mañana. Anotar una oración. Volver a un pasaje que quedó pendiente.

«No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos» — Gálatas 6:9 (RVR1960)

Nada de eso se ve en el momento. Pero a su tiempo se nota, igual que el jardín que uno regó sin apuro durante semanas. Si quieres que esta primavera deje algo más que buenas intenciones, hay ediciones que ayudan a sostener el hábito de la lectura:

  • Las ediciones de letra grande hacen la lectura diaria más cómoda y fácil de mantener en el tiempo.
  • La Reina Valera 1960 sigue siendo la versión más usada en las iglesias de Chile, ideal para memorizar y compartir.
  • Una Biblia de estudio te entrega notas y contexto para entender mejor pasajes como los del Salmo 1 o Isaías 40.
  • Y si estás buscando la tuya, puedes revisar todas las Biblias disponibles y comparar tamaños y versiones.

Una estación para volver a la Palabra

La primavera no nos pide grandes gestos. Nos invita, más bien, a lo simple: abrir de nuevo lo que teníamos cerrado, dejar entrar la luz, retomar lo que el invierno había puesto en pausa. La Palabra funciona parecido. Está ahí, esperando que la volvamos a abrir.

Y lo bonito es que no hay que esperar a estar listos ni a tener todo resuelto. Basta con empezar donde uno está, un día a la vez, como quien planta algo confiando en que va a crecer.

En este Mes de la Biblia, la invitación es simple: conocer su mensaje, participar en comunidad y vivir y compartir la esperanza. Tres formas de dejar que la Palabra siga transformando vidas, empezando por la nuestra.

Porque después del invierno, siempre, vuelve a florecer.

Que esta primavera te encuentre volviendo a la Palabra, un día a la vez.

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